Sostenibilidad: El momento es ahora
Un punto de inflexión global que redefine el rol de gobiernos, empresas y sociedad
El tiempo dejó de ser una variable flexible en sostenibilidad. Mientras los compromisos globales avanzan más lento de lo esperado, las consecuencias ya son visibles. ¿Qué implica realmente actuar ahora y qué rol tienen las organizaciones en este escenario?
El ser humano es una especie relativamente nueva en términos evolutivos. Sin embargo, hoy es el principal responsable de la pérdida de biodiversidad del planeta, del cambio climático y de otros graves problemas que ponen en riesgo la continuidad de la vida tal como la conocemos.
Con el objetivo de revertir esta situación, la ONU definió los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con metas a cumplir hacia el año 2030. No obstante, su nivel de cumplimiento se ve amenazado por múltiples crisis: guerras y tensiones geopolíticas, profundas desigualdades sociales y la falta de compromiso real de algunos países con gran peso global.
Aun así, existe esperanza. Acelerar el avance hacia las metas propuestas por los ODS sigue siendo posible, pero solo si se realizan esfuerzos globales y coordinados que impulsen las transformaciones necesarias. En este contexto, las empresas —interconectadas como parte de un ecosistema— juegan un rol clave como agentes de cambio, promoviendo un mundo más respetuoso con el ambiente, inclusivo y justo.
Una carrera contra el tiempo
A julio de 2025, el progreso hacia los ODS es preocupantemente lento. Se estima que menos del 20% de las metas se alcanzarán a tiempo para 2030, según el Informe Mundial de Desarrollo Sostenible 2025.
Este año se cumple una década desde la definición de la Agenda 2030. En ese marco, el Secretario General de la ONU, António Guterres, señaló durante la presentación del informe de avance de julio de 2025 que solo el 35% de las metas “van por buen camino o progresan moderadamente”.
La COP30 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), finalizada el 21 de noviembre, tuvo lugar en un momento crítico: el planeta superó por primera vez el umbral de 1,5 °C de calentamiento global respecto a los niveles preindustriales, el límite que la ciencia considera clave para evitar los impactos más graves del cambio climático.
Las prioridades de la COP30 se centraron en fortalecer el multilateralismo, vincular la crisis climática con la vida cotidiana y los derechos humanos, y garantizar que las comunidades más afectadas participen activamente en las negociaciones y reciban apoyo real para adaptarse.
En la misma línea, se buscó acelerar la implementación del Acuerdo de París, con foco en la protección de la Amazonía, la financiación climática —especialmente los 1,3 billones de dólares anuales comprometidos— y una transición justa, que incluya la salida progresiva de los combustibles fósiles y mayor apoyo a los países en desarrollo.
El año 2030 está a poco más de cuatro años de distancia. El momento de actuar es ahora.
Y, aun con esperanza, resuenan las palabras de No Te Va a Gustar:
“Hay algo que sigue vivo
Nos renueva la ilusión
Y en el último suspiro
Ay, celeste regalame un Sol”
Nuestro planeta, que desde el espacio se ve azul-celeste, es quien nos dio la vida. Cuidarlo es una responsabilidad colectiva, para que la vida continúe existiendo de la forma más cercana posible a como la conocemos y para que, cada mañana, pueda seguir regalándonos un sol.
Qué son y cómo se miden los ODS
En 2015, la ONU puso en marcha la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, una estrategia de alcance mundial que busca cumplir, durante esta década, 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas, abarcando las dimensiones económica, social y ambiental.
Desde 2016, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) publica informes periódicos que evalúan el avance de los países en el cumplimiento de los ODS. La metodología se basa en un Índice ODS, que sintetiza los resultados de 102 indicadores (edición 2025) en un único valor, otorgando igual peso a cada objetivo.
El índice varía entre 0, que representa el peor desempeño posible, y 100, que indica el mayor grado de cumplimiento de los ODS.
Avances globales de los ODS a julio de 2025
Los datos muestran un liderazgo sostenido de Europa, especialmente de los países nórdicos, con Finlandia en el primer puesto, aunque incluso estos países enfrentan desafíos significativos en cambio climático y biodiversidad.
Asia Oriental y Meridional se destacan por haber superado a otras regiones en el ritmo de progreso, mientras que en América Latina y el Caribe se proyecta un crecimiento económico del 2,5% en 2025, aunque con riesgos a la baja.
Desafíos que frenan el progreso de los ODS
- Conflictos y problemas de seguridad: Los países afectados por conflictos, inestabilidad política o problemas de seguridad a menudo muestran los valores más bajos del Índice ODS.
- Falta de financiamiento: Se estima que se necesitan entre 3.3 y 4.5 billones de dólares anuales para lograr la Agenda 2030.
- Brecha de inversión: Los países en desarrollo no tienen la posibilidad de invertir anualmente el dinero necesario para alcanzar los ODS.
- Desigualdad de género: Se necesita un mayor enfoque en la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.
Análisis del progreso de los ODS
Un avance insuficiente y amenazado
Del análisis del Informe 2025 se desprende que, a nivel global, el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible ha sido insuficiente. De cara a 2030, varios objetivos se encuentran lejos de cumplirse, en particular el ODS 2, ODS 11, ODS 14, ODS 15 y ODS 16. En términos agregados, solo el 16,7% de las metas de los ODS está en vías de alcanzarse a nivel mundial dentro del plazo previsto.
En los últimos años, muchos países han registrado avances relevantes en la ampliación del acceso a servicios e infraestructuras básicas, como la electricidad, la digitalización y el uso de dispositivos móviles. También se observaron mejoras sostenidas en indicadores de salud, con una disminución de la mortalidad infantil y neonatal. Sin embargo, estos progresos son frágiles y se encuentran crecientemente amenazados por los conflictos armados, las tensiones geopolíticas y la reducción de la financiación internacional destinada al desarrollo sostenible.
Desigualdades persistentes entre países
Las brechas en el grado de cumplimiento de los ODS continúan siendo profundas. El Índice ODS 2025 muestra valores que oscilan entre más de 87 y menos de 50, concentrándose los desempeños más bajos en países atravesados por conflictos bélicos o altos niveles de inestabilidad. Más allá de su posición relativa, todos los países enfrentan desafíos significativos en al menos dos objetivos, especialmente aquellos vinculados al cambio climático y la biodiversidad, en gran medida como consecuencia de patrones de consumo insostenibles.
En paralelo, resulta imprescindible rediseñar la arquitectura financiera global para garantizar la financiación de los bienes públicos globales y avanzar efectivamente hacia el desarrollo sostenible. Un número reducido de países es responsable de una proporción significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero, muchos de ellos con altos niveles de ingreso. Sin embargo, las consecuencias del cambio climático afectan a todos, incluidos los países con menor renta per cápita, que además deben destinar recursos escasos a mitigar daños y adaptarse.
Ranking global
Las diferencias se reflejan con claridad en el ranking global. Finlandia mantiene el mejor desempeño, con un índice de 87,2, seguida por Suecia (85,7) y Dinamarca (85,3). En el extremo opuesto, los índices más bajos corresponden a países de muy bajos ingresos, como Sudán del Sur, República Centroafricana y Chad.
Si se consideran los países de mayor peso económico, Estados Unidos, China, la Federación Rusa e India continúan enfrentando desafíos estructurales significativos en múltiples ODS.
En América Latina, destacan Chile, Uruguay y Cuba, con avances relevantes en el índice.
El costo de no actuar
El fracaso en el cumplimiento de las metas de los ODS tendría consecuencias profundas y duraderas: aumento de la temperatura global, mayor frecuencia de desastres naturales, aceleración de la extinción de especies y creciente vulnerabilidad de las sociedades.
A ello se sumaría un fuerte descreimiento en los organismos internacionales y en los gobiernos, percibidos como incapaces de responder a los desafíos globales.
La Agenda 2030 dejó de ser una promesa a futuro para convertirse en un desafío inmediato. El mundo avanza hacia puntos de no retorno, y solo mediante acciones colectivas urgentes, coordinadas y sostenidas será posible mantener viva la esperanza de un mañana más justo, resiliente y sostenible.
Mayarí Arruabarrena
Coordinadora Desarrollo Sostenible